Cuando la alta dirección de un banco cuestiona
un gasto multimillonario en la transformación digital, estas son las respuestas
que realmente buscan.
Por Bill Waid, director de producto y
tecnología en FICO
En octubre
tuve una plática con Matthew DeMello del podcast “AI and Financial Services” (IA
y Servicios Financieros) sobre los desafíos que enfrentan los directores de
servicios financieros desde una perspectiva de gestión de datos. Algunos de los
temas que surgieron son tan grandes y costosos que tuvimos que reunirnos una
siguiente ocasión para hablar sobre la pregunta más grande y obvia: ¿cómo
pueden los directores de servicios financieros justificar la enorme inversión
en gestión de datos necesaria para llevar a cabo un esfuerzo serio de
transformación digital?
Le dije a
Matthew que el obstáculo más grande que enfrentan los proyectos de
transformación digital bancaria no es la tecnología, sino la indecisión. Cuando
los altos ejecutivos bancarios se percatan de la inmensidad del esfuerzo y del
costo —en términos de infraestructura de gestión de datos y la perspectiva del
personal—, parece desalentador. Y, debido a que es bien sabido que muy pocas
compañías de servicios financieros realmente logran cumplir sus objetivos de
transformación digital mientras que los competidores de banca digital y fintechs
crecen y prosperan, la alta dirección desea conocer de antemano qué resultados
producirá su inversión.
Después de
haber trabajado con directores ejecutivos de servicios financieros en proyectos
de automatización y experiencia de cliente durante décadas, sé que existen tres
principios rectores para ganarse la fe y la confianza de la alta dirección:
- Transparencia
y evidencia: A
medida que el equipo responsable del esfuerzo de transformación presenta
evidencia clara, objetiva e indiscutible de que sus esfuerzos están
progresando, aumenta la confianza y aprobación de la alta dirección. La
evidencia empírica confirma que la prueba de concepto es la manera más
convincente de disipar las inquietudes y recibir apoyo.
- Demostrar
un retorno de la inversión (ROI): Aunque
la transformación digital, la IA y las “experiencias de usuario” digitales
pueden parecer conceptos de moda para algunos servicios financieros, se
miden con métricas empresariales tradicionales: ingresos, ganancias,
relación de eficiencia, retención de clientes, nuevos clientes, etc. Esta
es la lingua franca que hablan los directores bancarios, los
consejos ejecutivos, los accionistas, los inversionistas y los
reguladores… y los transformadores inteligentes deben asegurarse de hablar
su mismo idioma.
- Métricas
pragmáticas universalmente relevantes: Esto es una especie de amalgama de las
dos primeras, pero más sutil: significa que debes pensar en tu audiencia y
en lo quieren escuchar. Un asombroso proyecto nuevo de ciencia de los
datos puede ser merecedor del Premio Nobel de Economía, pero su genialidad
puede pasar desapercibida por el director de riesgos de una compañía de
servicios financieros que busca aprobar las solicitudes diez veces más
rápido sin aumentar el riesgo. Se obtiene mayor credibilidad y se gana a
los clientes internos si primero resuelves sus problemas bancarios más engorrosos
y guardas los proyectos de desarrollo más exóticos para después.
Cuando un “no podemos darnos el lujo de” se
convierte en un “no podemos darnos el lujo de no tener…”
Debido a
que finalmente son ellos los responsables del éxito y del fracaso, es
importante que los directores de servicios financieros den un paso atrás y
consideren las dos caras de la moneda de la transformación digital. Sí, es
prudente considerarla como una amenaza existencial —basta observar a cualquier industria
que ha sido destruida por los intrusos digitales—, pero es igualmente
importante destacar que, en términos puros del análisis FODA, la transformación
digital en la banca plantea tantas “oportunidades” como “amenazas”, y
probablemente más.
Si las
compañías de servicios financieros invierten en la transformación digital exclusivamente
como medida defensiva —en respuesta a las tendencias de la industria y a las
acciones de sus competidores—, pueden perder inadvertidamente oportunidades de
innovación en gestión de datos y crecimiento a través de la creación de nuevos
productos, servicios y negocios basados en información.
¿Cómo es eso
posible y por qué cambia las reglas del juego? McKinsey recientemente
entrevistó a 1,176 directores empresariales sobre las estrategias de
crecimiento a futuro de sus compañías y aprendió algo fascinante: el 50% de las
compañías entrevistadas afirman que en el 2026 la mitad de sus ingresos
provendrán de productos, servicios o negocios que aún no se han creado.
- El 80%
afirma que el desarrollo de nuevos negocios ayudará a responder ante la
disrupción y los cambios en la demanda
- El 62%
de los entrevistados priorizan actualmente el desarrollo de nuevos
negocios para generar nuevos flujos de ingresos
- El 55%
comenta que el desarrollo de nuevos negocios es una de las tres
prioridades, mientras que el 21% asegura que es su principal prioridad
Claramente,
estas compañías no sólo piensan de forma innovadora, sino que piensan a futuro
para crear categorías de productos, servicios y negocios completamente nuevas.
Demostrándolo con rendimiento
¿De qué
manera lo lograrán las compañías de servicios financieros, especialmente los
ejecutivos responsables de la transformación digital? Creando una cultura y las
condiciones tecnológicas que alimenten la innovación bancaria, lo que
convertirá al desarrollo de negocios en una parte importante de la memoria
muscular empresarial del banco. El éxito comienza con:
- Reunir
a las personas, los procesos y la tecnología en torno a una visión común y
sinérgica de la empresa
- Definir
objetivos ambiciosos, pero viables
- Unificar
a toda la organización alrededor de estrategias que se comprometan a brindar
experiencias de cliente óptimas.
Pero antes
de que lo anterior pueda ocurrir, los posibles transformadores bancarios deben
ganarse la confianza de aquellos que emiten los cheques. Como dijo famosamente
el ingeniero industrial, estadístico y teórico empresarial William Edwards
Deming: "En Dios confiamos; todos los demás deben traer datos". Eso
se aplica doblemente en la transformación digital, donde los altos costos son
superados sólo por las grandes apuestas.
Desde los
años 80, las compañías de servicios financieros han invertido considerablemente
para automatizar la toma de decisiones, fusionando el conocimiento heurístico
humano y la IA para lograr resultados transparentes y guiados por humanos.
Dependiendo de la época, pudo haberse llamado “apoyo para decisiones”,
“automatización de decisiones”, “gestión de decisiones” o muchos otros nombres,
pero siempre ha tenido que ver con “la decisión”.
Cuando los
transformadores bancarios desarrollan un caso empresarial sólido para apostar
en grande por la transformación digital, simplifican la decisión de los directores.
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