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jueves, 29 de abril de 2021

¿Eres un “picky” del idioma?

 


Por: Rita Santoyo, lingüista mexicana del departamento de didáctica de Babbel, la app de enseñanza de idiomas

 

El 23 de abril se celebró el día internacional del idioma para hacer un homenaje al exponente por excelencia del castellano: Miguel de Cervantes Saavedra, autor de “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, obra ilustre del idioma español, la segunda lengua materna del mundo por número de hablantes, tras el chino mandarín.

 

Si bien todos deberíamos de aspirar a ser ilustres exponentes de la lengua en tiempos modernos, es preciso aceptar que, para lograrlo, se requiere tiempo y una educación constante. Aun así, hoy ya existen personas que le dan mucha relevancia al uso correcto del lenguaje y se convierten en ¨intensos de la ortografía¨ o ¨perros guardianes del lenguaje¨. A veces no los ves, pero están por todas partes. Te persiguen en los múltiples grupos de WhatsApp, te vigilan en las publicaciones de Twitter o Facebook y no pierden oportunidad para hacer notar cualquier falta de ortografía o puntuación.

 

Probablemente muchos de nosotros hemos adoptado este papel de correctores insufribles alguna vez, ya sea desde el rol de jefe, compañero de trabajo, amigo, o padre. Así como también, seguramente, hemos sido víctimas de algún otro fanático de la corrección de estilo, quienes no desaprovechan la oportunidad para resaltar hasta el más mínimo error en alguna frase dicha o escrita.

 

Si esto te suena, en definitiva, este texto es para ti.  Te compartimos un par de recomendaciones para lidiar de la mejor manera con situaciones de debate o de corrección, donde no todos reaccionan de la mejor manera y pueden surgir discusiones innecesarias:

 

No corrijas la gramática de las personas en público

Siempre dependerá del contexto y la manera en que se haga, pero en México, el destacar un error frente a todo el mundo, es algo muy mal visto ya que hará quedar a la otra persona como ignorante y probablemente sea interpretado como una humillación. Lo más apropiado sería introducir la corrección como un dato curioso a quien ha cometido la errata y si es posible, en privado. No hay prisa, si el error no afecta la comunicación, no es necesario hacer visible la equivocación en el momento y con todo mundo de testigo. Hay que tener tacto cuando se corrige a otras personas, aun siendo un profesor o el editor más reconocido.

 

Hay que saber dónde y cuándo

Si se tiene una discusión acalorada o un debate serio, es absolutamente inapropiado subrayar los errores gramaticales o de vocabulario del otro, pues esto hace perder el enfoque del argumento y de las ideas en el diálogo, incluso puede tomarse como que se está menospreciando la plática. Asimismo, si una persona está compartiendo una experiencia personal y emotiva (ya sea feliz o triste), tampoco es el escenario adecuado para corregir los errores en la comunicación. Ante todo, debemos tener en cuenta las emociones del otro, ya que esto es, precisamente, lo que el idioma permite expresar.

 

No todo lo que se dice es lo “correcto”

Si bien la lengua es un ente vivo que se va moldeando con el uso que le dan los hablantes de dicho idioma, no significa que expresiones coloquiales o de las “nuevas generaciones” deban aceptarse como las nuevas palabras “correctas” de la actualidad.

Es un hecho que algunas instituciones ya sumaron estos términos a diccionarios o al vocabulario común, pero esto no significa que sean las palabras más adecuadas, sobre todo si hablamos de expresarnos en “español”. ¿Por qué tendríamos que adoptar neologismos que no aportan nada nuevo a nuestra lengua? aun así, si eres un “picky del lenguaje”, debes saber que hay batallas que no vale la pena luchar y a veces es mejor mantenerse al margen de una discusión alrededor de este tema. Solo continúa siendo un ejemplo y exprésate de una manera más propia.

 

Corrección, un juego de niños

Hay maneras de corregir la gramática sin mostrar explícitamente que se está corrigiendo. Por ejemplo, si el niño o la niña dice “Me likes apples”, la persona puede responder algo como “I like apples too”, formando la oración de manera correcta sin que el niño o la niña se sienta atacado. Esta es una técnica muy utilizada no solo para modelar la gramática correcta, sino también para trabajar cuestiones de pronunciación o vocabulario, sobre todo cuando se está aprendiendo un idioma distinto al nativo. Si bien esto aplica a pequeños y grandes, se recomienda aplicarlo sobre todo con infantes, a quienes podemos ayudar desde esa fase temprana a modelar un lenguaje correcto.

 

Los modos sí importan

La forma es importante y definitivamente marca una gran diferencia. Aunque es verdad que los adultos tienen la madurez emocional para lidiar de una manera diferente con la corrección de sus errores, también es una realidad que, si se marca el error de manera tajante, por ejemplo, al decir “no, eso no se dice de esa manera, se dice de ésta,” podemos menguar la confianza que las personas tienen en sí mismas. Lo importante es la forma asertiva para hacer notar estas equivocaciones y evitar que la persona se sienta atacada, cuidando que esto no impacte negativamente en su aprendizaje del idioma. Se puede reforzar el uso correcto de la lengua escuchando audiolibros, cantando canciones y leyendo historias en el lenguaje que se quiere aprender

 

No es personal, es profesional

En el fondo, cada maestro o ¨guardián de la lengua¨ quiere evitar la “fosilización” de ciertos errores y evitar que el uso incorrecto del lenguaje se convierta en un hábito muy difícil de corregir. Un ejemplo muy común es el sujeto tácito que muchos hispanohablantes utilizan cotidianamente. En español es muy común omitir el sujeto de la oración: “Voy a casa” en vez de “Yo voy a casa.” Sin embargo, este tipo de construcciones gramaticales con sujeto tácito son incorrectas en idiomas como el inglés o el alemán. En esos casos sí es importante corregir este tipo de errores desde el principio para que las personas que están aprendiendo el idioma no cometan este error cada vez que hablan.

 

Quisquillosos o no, lo importante es disfrutar de nuestro lenguaje, aceptar su evolución y saber que la convivencia e interacción son lo primordial en la comunicación, aunque las reglas para entendernos no se cumplan al pie de la letra.

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