·
48% considera que ha discriminado,
pero lo hizo de forma inadvertida.
·
60% de los testigos de un acto
discriminatorio no realizó ningún reporte; solo 28% tomó acción.
·
62% considera que vivimos en una
sociedad más diversa, pero menos respetuosa (48%) e inclusiva (44%).
Ciudad de
México, 27 de febrero de 2026. Con la finalidad de analizar
la cultura de respeto en el país y qué tan incluyente vemos a la sociedad, el Centro
de Opinión Pública de la Universidad del Valle de México realizó el estudio Percepción
y normalización de la discriminación en México: el desafío de la inclusión,
el cual identifica desde deficiencias en gobernabilidad e infraestructura
urbana, hasta la normalización de actos discriminatorios y la pasividad o
indiferencia ante estos.
El papel de las
instituciones contra la discriminación
La percepción
ciudadana sobre el combate a la discriminación muestra contrastes marcados. 55%
y 52% de la población considera, respectivamente, que el Consejo Nacional para
Prevenir la Discriminación (Conapred) y la Comisión Nacional de los Derechos
Humanos (CNDH) son las instituciones que más trabajan en la materia. En
contraparte, otros actores institucionales presentan una valoración negativa:
61% opina que los legisladores trabajan poco o nada para prevenir la
discriminación, percepción que comparten respecto al gobierno federal (54%). “En
el caso de las escuelas, la opinión dividida, 49% estima que los centros
educativos realizan esfuerzos para prevenir la discriminación, pero 48% no lo
ve así, lo cual refleja importantes retos para los centros educativos como
espacios de respeto”, comenta Adriana Rico, Coordinadora del Centro de Opinión
Pública de la UVM.
Cultura cívica y
respeto a la accesibilidad
En cuanto a la
infraestructura de accesibilidad en las colonias, los elementos con mayor
disponibilidad reportada son las rampas peatonales (73%) y la existencia de asientos
reservados en transporte público (52%). Sin embargo, la accesibilidad es
deficiente en otros rubros: los menos mencionados son los anuncios en lenguas
indígenas (9%), las guías podotáctiles (13%) y elevadores o escaleras
eléctricas funcionales en puentes peatonales (15%).
Aunado a esto, la disponibilidad
de infraestructura física contrasta con el nivel de cumplimiento ciudadano
sobre su uso: 59%
dijo que pocas veces o nunca se respeta dejar libres las rampas para sillas de
ruedas y 60% de los encuestados señala que rara vez o
nunca se respetan los asientos y espacios reservados para personas con
discapacidad, mayores o embarazadas, tanto en espacios públicos como en el
transporte público.
Rostros y
escenarios de la exclusión
Existe un consenso
sobre los grupos que se piensa son discriminados en mayor medida: personas
indígenas (87%), transgénero o transexuales (86%) y homosexuales (85%). En el
extremo opuesto, se consideran que los jóvenes no sufren discriminación (39%) ni
las personas con tatuajes o perforaciones (37%).
Al cuestionar sobre
los espacios donde ocurre mayor discriminación, sobresalen los espacios
públicos como la calle, negocios o comercios y las redes sociales. La calle
destaca como escenario donde se ha visto más discriminación hacia personas
indígenas (59%), homosexuales (58%), transgénero (55%) y migrantes (54%). En
entornos institucionales —como la escuela o el trabajo—, las causas principales
de discriminación son tener pocos recursos económicos (42%), el tono de piel
oscuro (37%) y ser homosexual (36%). En negocios y comercios, prevalece la
discriminación por recursos económicos (49%), ser indígena (47%) y el tono de
piel (37%). Finalmente, en las plataformas digitales, la hostilidad se dirige
principalmente a personas transgénero (45%), homosexuales (44%) y por el tono
de piel (40%).
Normalización y
prejuicios en la construcción de una sociedad más incluyente
Ante actos de
discriminación, la cifra de denuncia es baja: 60% no reportó lo observado, 28%
sí lo hizo (12% señala no haber observado actos discriminatorios). Entre el
grupo que alzo la voz, 12% lo hizo ante una autoridad del espacio interno
(profesor, jefe, supervisor, etc.), 9% en un área institucional (dirección,
recursos humanos o un comité) y 9% utilizó plataformas digitales.
Adicionalmente, al consultar sobre la la actuación frente al acto
discriminatorio presenciado, 27% intervino verbalmente para defender a la
víctima, 26% se acercó a la víctima para ofrecer apoyo, 22% reprobó el acto con
miradas o gestos, 15% exhibió el hecho en redes sociales y 17% no hizo nada.
Las principales razones fueron: considerar que no sirve de nada (26%), no saber
dónde denunciar (19%) y temor a meterse en problemas (18%). Asimismo, 9%
considera que denunciar actos de discriminación es complicado y 6% considera
que esas expresiones no son graves.
La discriminación
no solo se percibe como una experiencia que padecen otros, también los
encuestados reportan que han sido discriminados (28%) y 54% sospecha haberlo
sido sin darse cuenta en el momento. Y las causas asociadas a la discriminación
son principalmente: situación económica (28%), por ser mujer (27%), por la
forma de vestir y tono de piel (ambas con 15%), por una característica físico-corporal
(14%), entre otras.
En tono de autocrítica:
29% admite haber discriminado conscientemente, 48% dijo haberlo hecho sin
intención.
En el entorno
cotidiano, las posturas frente a la inclusión presentan matices contrastantes: el
lenguaje discriminatorio persiste en familias y amistades con expresiones como ‘naco/corriente’
(52%), ‘prieto/color cartón’ (44%), ‘persona con capacidades diferentes’ (43%)
y ‘joto/afeminado’ (38%). Por otra parte, el lenguaje inclusivo es aceptado por
24%, pero rechazado por 35%; las ‘nuevas masculinidades’ gozan de una
aceptación de 55% frente al rechazo de 21%. Los retos se revelan en el
lenguaje, en la forma en que nos expresamos y por las experiencias compartidas,
no es extraño que 44% considere que la sociedad mexicana es menos inclusiva y
48% que es menos respetuosa, pese a que 62% reconoce que vivimos en una
sociedad más diversa.
---000---
Metodología: Encuesta
realizada del 23 de diciembre de 2025 al 5 de enero de 2026 a 808 personas
integrantes de un panel online, donde 50% son mujeres, 49% hombres y 1% no
binario. 23% están en un rango de edad de 18 a 24 años; 24% entre los 25 y 34
años; 22% entre los 35 y 44 años; 17% entre los 45 y 54 años; y 14% a 55 años o
más.