sábado, 1 de agosto de 2026

La inteligencia artificial no sustituye la alfabetización, la vuelve más necesaria


Ciudad de México, 01 de agosto de 2026.- En México, la inteligencia artificial forma parte de la vida de los estudiantes en su día a día. De acuerdo con la Encuesta Nacional (ENIAG 2025), 95% de los docentes y 93% de los estudiantes conocen este tipo de tecnología, mientras que 60% y 66%, respectivamente, aseguran utilizarla de manera cotidiana, al menos una vez por semana

Estas cifras muestran que la conversación ya no debe centrarse únicamente en si la inteligencia artificial llegará a las aulas, sino en cómo garantizar que su uso contribuya al aprendizaje sin sustituir habilidades fundamentales como leer, escribir, analizar y construir ideas propias.

“La IA no sustituye las competencias fundamentales de lectura, escritura y pensamiento crítico, sino que las vuelve más urgentes para dialogar, comprender sus respuestas y detectar errores o sesgos. Sin una alfabetización sólida, puede convertirse en una fuente de información que las y los estudiantes consumen sin cuestionar, en lugar de una herramienta que potencie su aprendizaje”, señaló Leslie Serna, especialista en educación y consultora de la UNESCO.

Esto exige pasar de una alfabetización básica a una alfabetización ampliada, en la que las personas no solo reciban información, sino que puedan interactuar con ella de manera activa. Utilizar la IA con criterio implica saber plantear lo que se busca, contrastar sus respuestas con otras fuentes y decidir qué información conservar, corregir o descartar. De esta manera, la tecnología puede funcionar como un apoyo para construir conocimiento, sin reemplazar el razonamiento ni la autonomía de quien la utiliza.

En este contexto, la alfabetización no se limita a aprender a leer y escribir: también implica comprender lo que se lee, apropiarse de la cultura escrita, desarrollar pensamiento crítico y participar plenamente en la sociedad. Sobre esta base se construye la alfabetización digital, que permite desenvolverse de manera segura y responsable en entornos tecnológicos, evaluar la información, identificar fuentes poco confiables y proteger los datos personales.

La forma de incorporar la IA también debe adaptarse a cada etapa educativa:

  • Primaria baja, de seis a nueve años: la prioridad no debe ser el uso directo de estas herramientas por parte del alumnado, sino el fortalecimiento de la lectura y la escritura. En esta etapa, el docente puede utilizar la IA para preparar materiales, sin sustituir la práctica activa en el aula.

  • Primaria alta, de diez a doce años: puede introducirse de manera guiada y bajo supervisión adulta, con actividades orientadas a observar, cuestionar y corregir sus respuestas. Por ejemplo, la IA puede generar un borrador para que el grupo lo analice y mejore en conjunto, pero nunca para reemplazar el ejercicio de escribir.

  • Secundaria en adelante: con mayor madurez y autonomía, puede emplearse para formular preguntas más precisas, evaluar resultados y determinar si la información es confiable. En esta etapa, el prompting puede contribuir al desarrollo de habilidades cognitivas, siempre que las respuestas se utilicen como punto de partida para comparar, detectar errores y ejercer pensamiento crítico.

En todas las edades, las respuestas generadas por una herramienta no deben sustituir la práctica de leer, escribir, argumentar y desarrollar pensamiento propio. Sin estas bases, la IA puede generar dependencia acrítica, facilitar la aceptación de información falsa o sesgada y aumentar los riesgos relacionados con la privacidad y la desinformación.

“El acceso a la tecnología no garantiza nada por sí solo. Hoy se abre una nueva brecha: no entre quienes tienen o no tienen IA, sino entre quienes saben aprovecharla y quienes quedan expuestos a sus riesgos sin sacarle ningún beneficio. Cerrarla no depende de repartir más herramientas, sino de invertir en acompañamiento pedagógico, alfabetización mediática y conectividad real —y de proteger los datos de niñas, niños y jóvenes”, señaló Silvia Ojeda, directora de Fundación Instituto Natura.

Esta visión coincide con los Principios de Chapultepec, contenidos en la Declaración de ética y buenas prácticas para el uso y desarrollo de la inteligencia artificial, que plantean que la IA debe ampliar derechos y avanzar de la mano del fortalecimiento de la educación y el conocimiento. Sin estas condiciones, la tecnología puede profundizar las desigualdades existentes.

“No compren tecnología antes que capacidad humana. Hoy es imposible saber con certeza qué necesitaremos dentro de diez años, pero la IA solo podrá transformar positivamente la educación si avanza junto con una inversión seria en alfabetización, formación docente y marcos éticos claros. La prioridad debe ser desarrollar las habilidades fundamentales que permitan a las y los estudiantes utilizarla con criterio y autonomía”, afirmó Leslie Serna, especialista en educación y consultora de la UNESCO.

Ante un entorno tecnológico que cambia rápidamente, la alfabetización deberá integrar de manera natural la lectura crítica, la escritura, la capacidad de formular preguntas, el pensamiento crítico y el juicio ético frente a los sistemas de IA.

Por ello, Fundación Instituto Natura trabaja para fortalecer la alfabetización y contribuir al desarrollo de políticas públicas educativas que garanticen aprendizajes fundamentales para todas las niñas y los niños en México. Su labor busca reducir las desigualdades desde la base, para que cada estudiante cuente con las herramientas necesarias para aprender, participar y desenvolverse con autonomía en un mundo cada vez más digital.



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