La carrera global por la relocalización y la
atracción de manufactura se tensará en 2026, y América Latina corre el riesgo
de perder competitividad si no contiene el incremento de costos que ya afecta a
sus exportadores. De acuerdo con un nuevo análisis “los
aranceles crecientes y los mayores costos laborales están socavando las
ambiciones centradas en la relocalización y la competitividad exportadora en
varios países de la región”, alerta Atradius, al
advertir que las condiciones actuales erosionan los márgenes de sectores clave
y reducen la capacidad de las empresas para sostener operaciones en cadenas
globales que se vuelven cada vez más costosas.
El informe de esta aseguradora señala que la
fragmentación comercial, la incertidumbre regulatoria y el encarecimiento de la
mano de obra están deteriorando el atractivo de los países emergentes como
destinos productivos, justo cuando las tensiones geopolíticas impulsan a
las grandes economías a reconfigurar proveedores y rutas de suministro. Esta
tendencia, que ha ganado fuerza desde 2023, tendrá su punto crítico en 2026,
cuando converjan presiones fiscales, nuevas políticas industriales y un entorno
global de mayores tarifas.
Las advertencias coinciden con organismos
multilaterales. El Banco
Mundial, en su última edición de Global Economic Prospects, proyecta
que hacia 2026 la fragmentación geoeconómica elevará de manera persistente
los costos del comercio y reducirá el dinamismo manufacturero en economías
dependientes de exportaciones. La OCDE,
en su Economic Outlook, anticipa que las
políticas industriales más agresivas y los aranceles aplicados por potencias
económicas incrementarán los costos de producción hasta 2026, forzando a
las empresas a replantear su ubicación, su estructura de costos y su exposición
a riesgos externos.
En este panorama, Atradius en su
análisis advierte que la región no puede confiar únicamente en incentivos para
atraer inversión si no atiende los factores que hoy están encareciendo la
operación. “La relocalización no garantiza competitividad si no se reducen
los costos estructurales ni la incertidumbre regulatoria”, señala el
reporte. Para Daniel Llano, Director Comercial de Atradius México, la
disyuntiva es clara: “2026 será un año donde las empresas que se mantengan
competitivas serán aquellas que integren la realidad del riesgo comercial en su
operación diaria; hoy ya no es un tema financiero, es un tema de continuidad
del negocio”.
Daniel Llano advierte además que las
dificultades no se limitarán a los aranceles: “Las compañías deben
prepararse para un escenario donde los impagos, los ajustes regulatorios y las
disrupciones logísticas serán más frecuentes. La anticipación será clave; 2026
exige modelos más predictivos y menos reactivos”, afirma.
Con mercados más segmentados, cadenas de
suministro más caras y una competencia global que se moverá hacia
automatización y eficiencia, la región enfrenta un reto decisivo. Si América
Latina no acelera mejoras en productividad, regulación y costos de operación,
2026 podría convertirse en un punto de quiebre para su capacidad de atraer
manufactura y sostener su papel exportador en un comercio internacional más
selectivo y fragmentado.

