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Este pescado blanco es un parteaguas en la acuacultura
mexicana, puesto que cuenta con un alto grado de adaptabilidad a diferentes
medios de cultivo, destacó la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural.
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La dependencia federal subrayó que especialistas del
Instituto Nacional de Pesca y Acuacultura (Inapesca) participan en una
investigación exitosa para cultivar robalo en agua dulce, salobre y marina.
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La acuacultura se ha posicionado como el sistema de
producción de alimentos de mayor crecimiento nacional e internacional y es una
alternativa viable para dar respuesta a la necesidad de alimentos en 2050,
cuando la población mundial superará 10 mil millones de personas.
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En México se producen al menos 400 mil toneladas
anuales y de acuerdo con estimaciones del sector tiene potencial para alcanzar
ocho millones de toneladas en el mediano plazo.
Si bien ha
conquistado paladares por contener pocas espinas y carne suave, blanca y
jugosa, el robalo también ha despertado el interés de la comunidad científica
debido a su alto grado de adaptabilidad a diferentes medios de cultivo y
potencial para impulsar la acuacultura mexicana, destacó la Secretaría de
Agricultura y Desarrollo Rural.
Expuso que esta
especie –que es capturada en aguas marinas de jurisdicción federal y sistemas
lagunares del Golfo de México y mar Caribe– es un “parteaguas” en la
acuacultura de México, ya que las especies Centropomis
undecimalis y Centropomis viridis,
principalmente, han demostrado su capacidad para crecer en agua dulce, salobre
y marina.
A esos
resultados llegaron estudios científicos que realizaron un grupo de
especialistas de diferentes centros de investigación de nuestro país, como el
Centro Regional de Investigación Pesquera (CRIAP) de Manzanillo, Colima, que
encabezó la captura de reproductores y engorda de juveniles en diferentes
sistemas.
También,
destaca el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo de Mazatlán
–que creó las técnicas de reproducción y manejo de crías a una escala
piloto-comercial y la reproducción del robalo del Atlántico a escala
experimental–, y la Unidad Académica Sisal (UAS) de la Universidad Nacional
Autónoma de México (UNAM) y la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT).
Estos estudios
han abierto la posibilidad de darle un mayor impulso a la acuacultura, una
actividad milenaria que evolucionó con base en los conocimientos tradicionales
y en los siglos XX y XXI reportó avances científicos, enfatizó el investigador
del Centro Regional de Investigación Pesquera (CRIAP) de Manzanillo, Colima,
Rodrigo Martínez Moreno.
Resaltó que, en
las últimas tres décadas, la acuacultura se ha colocado como el sistema de
producción de alimentos de mayor crecimiento a nivel nacional e internacional,
de ahí que es una alternativa viable para dar respuesta a la necesidad de
alimentos en 2050, cuando la población mundial superará 10 mil millones de
personas.
La acuacultura
produce hoy al menos 400 mil toneladas anuales en México, pero tiene potencial
para alcanzar ocho millones de toneladas en el mediano plazo, destacó Martínez
Moreno.
Conservación y gestión sostenible de este recurso
marino
Señaló que
desde 1994 se hacía investigación biológica de especies marinas de interés
comercial en México, donde existen 12 especies de robalo y, en 2015 inició el
programa de investigación con dos especies (Centropomus
viridis y Centropomus nigrescens)
en el Pacífico y otras dos (Centropomus
undecimalis y Centropomus poeyi)
en el Atlántico.
Los primeros
frutos se dieron a conocer por el responsable de la Planta Piloto de Peces
Marinos del Centro de Investigación en Alimentos y Desarrollo (CIAD), Leonardo
Ibarra, quien tardó tres años y medio en la domesticación y el manejo
reproductivo de dicha especie marina y, por ende, reproducir crías bajo un
sistema de cultivo controlado.
De manera que
en 2015 se logró la primera madurez gonádica –etapa para determinar el
desarrollo sexual del organismo– de reproductores de robalo.
A la par,
investigadores del Inapesca se dieron a la tarea de capturar peces
reproductores en aguas de los estados de Sinaloa, Nayarit, Jalisco, Colima y
Michoacán, con la intención de conformar un grupo de estas especies y tener un
amplio pool genético para analizar y domesticar.
Esos primeros
pasos guiaron hacia un nuevo estudio para determinar la taxonomía de este
pescado blanco. No era suficiente la información taxonómica descrita para hacer
la identificación de los robalos blanco y negro, manifestó el experto, quien enfatizó
que este avance ofreció los cimientos básicos para la conservación y gestión
sostenible del recurso marino.
Tras la
consolidación del proceso de reproducción y domesticación, los investigadores
llevaron con éxito la primera inducción de desove de la especie en 2016. Un año
después se obtuvo la reproducción de Centropomus
viridis en condiciones de cautiverio, al alcanzar 120 mil crías de un solo
desove.
La especie
mostró una supervivencia mayor a 60 por ciento y los avances representaron un
hito porque evolucionaron los esquemas reproductivos en la acuacultura mexicana
y el desarrollo de paquetes tecnológicos para aprovechar el robalo en el
ecosistema marino, la rentabilidad comercial y la sustentabilidad, reiteró el
especialista del Inapesca, organismo de la Secretaría de Agricultura.
Esas crías
fueron repartidas en los estados de Jalisco, Colima y Michoacán para estudiar
su comportamiento en aguas dulce y salada, jaulas flotantes y estanques
rústicos, circulares y cuadrados. El robalo mostró alta tolerancia a las
diferentes salinidades y se pudo adaptar casi sin aclimatación, expuso.
Las
investigaciones continuaron para fortalecer la producción y las crías se
incrementaron a 370 mil y 630 mil durante los siguientes dos años (2018 y
2019). Sólo en tres años se incrementó 81 por ciento la producción del pez, que
es también conocido como lubina y se caracteriza por su cuerpo largo y cubierta
de escamas ásperas al tacto.
Martínez Moreno
sostuvo que en laboratorio se puede reproducir y engordar a un millón de crías
de especies marinas –como robalo y pargo– al llevar a cabo dos desoves anuales
y, de esta manera, contar con stock suficiente para cubrir la demanda del
Pacífico mexicano.
A nivel costero
hicimos un diagnóstico sobre la maricultura (desde Sinaloa hasta Oaxaca) y
contamos con la capacidad instalada para engordar un millón de crías cada año,
acentuó el investigador, al reiterar que en México se puede tener una
reproducción controlada de las especies Centropomus
undecimalis y Centropomus viridis,
con un 60 por ciento y 99 por ciento de sobrevivencia y durante el transporte y
siembra.
Hoy se realizan
ajustes al desarrollo de alimentos formulados para la engorda del pescado
robalo, con el fin de hacerlo accesible a la economía de los productores
mexicanos. Con los actuales experimentos se observó que 14 meses tarda para
alcanzar un peso de un kilogramo, finalizó Martínez Moreno.