Con información de la Fundación Nosotros Contigo
La terapia psicológica es un proceso sobre el que existen muchos
mitos. Vamos a intentar diferenciar qué es y qué no es, y qué se puede
esperar de una terapia psicológica.
Es complicado hacer una analogía directa del proceso: muchas
personas lo comparan por cercanía con las terapias médicas, mientras que
otras tienden a darle un carácter más filosófico, influenciados muchas
veces por cómo se representa la psicoterapia en películas y libros (a
veces de forma muy poco realista).
Fases de la terapia psicológica
Evaluación
Las dinámicas que se llevan a cabo en una consulta pueden variar
más o menos, como veremos después, pero suele haber ciertas constantes.
Toda terapia psicológica consta, en primer lugar, de una fase de
evaluación.
Inicialmente es de un gran valor el testimonio de la persona que
acude a sesión, a la que se le pide que nos cuente cuál es el motivo (o
casi siempre, motivos) de acudir a consulta, y cuáles son sus objetivos,
es decir, qué le gustaría lograr o cambiar con este proceso.
Diagnóstico
Una vez recogido esto, el terapeuta usa sus herramientas de
evaluación (entrevistas, tests, autorregistros, etc.) para obtener toda
la información posible, o al menos la suficiente, para tener un mapa
claro del problema, realizar un diagnóstico si lo hubiese, y plantear un
curso a seguir.
Esta «hoja de ruta» se suele exponer al paciente, y si ambos están
de acuerdo en los objetivos y los métodos para alcanzarlos, se inicia
la terapia como tal.
Terapia
A partir de aquí, se utilizan ejemplos y episodios de la biografía
y día a día del paciente para ilustrar los procesos y estructuras de
nuestra mente y de nuestras emociones, y se van poniendo en práctica
herramientas o técnicas para conocerlos y regularlos.
De esta forma, el paciente logra ser dueño de su vida interior,
reduciendo su desvalimiento ante el malestar, y ayudándole a traspasar
barreras que -a menudo desde hace años- le impedían llevar la vida que
deseaba.
Seguimiento
Este proceso termina, habitualmente, cuando el paciente está
dotado de suficientes herramientas para alcanzar sus objetivos, y cuando
el malestar ha disminuido suficientemente en intensidad, duración e
impacto en la vida del paciente. Se suelen acordar entonces unas
sesiones de seguimiento, más espaciadas en el tiempo, para comprobar
regularmente el mantenimiento de los logros adquiridos durante la
terapia.
DESCARGA IMAGENES AQUI¿Qué es lo que hace un psicólogo?
Un psicólogo puede desempeñar tareas diversas en función del
contexto, pero nos vamos a centrar en las más generales y que tienen más
relevancia de cara al proceso de terapia.
Si comenzamos de forma cronológica, lo primero que un psicólogo
hace es escuchar. Es esencial que se genere el puente comunicativo entre
paciente y terapeuta, que llamaremos «vínculo terapéutico«, y que es
uno de los pilares del proceso de terapia. A través de la escucha
activa, las demandas y problemas del paciente no solo son recogidos,
sino interpretados y devueltos para comprobar que no ha habido
malentendidos. Es de una enorme importancia que el paciente note que la
escucha del terapeuta es plena, confidencial y, sobre todo, libre de
juicios.
Además, la escucha activa sirve para ir detectando puntos clave o
lagunas que se van despejando durante la evaluación, y en las que se
profundiza para lograr tener un mapa lo más fiel posible del mundo
interior del paciente.
Un terapeuta también se encarga, desde el mismo comienzo de la
terapia, en enseñar. Habitualmente los pacientes acuden a terapia con
creencias enraizadas e ideas muy elaboradas sobre sus propios problemas,
fruto de los meses o años de convivencia con el malestar. También, como
todo organismo bajo estrés, desarrollan sus propios métodos para
combatir ese malestar, los cuales pueden tener desde una gran eficacia,
hasta ser aún más dañinos. En esto el terapeuta, siempre manteniendo la
escucha que citábamos anteriormente, tiene una doble labor didáctica.
En primer lugar, la de ir mostrando al paciente herramientas para
entender, controlar y disminuir el malestar. Estas herramientas o
técnicas, aunque no tengan una garantía total de éxito, siempre tendrán
una efectividad contrastada científicamente, y serán la alternativa más
fiable para el paciente.
En segundo lugar, el instruir al paciente (en la medida de lo
posible, o de lo necesario) sobre el funcionamiento tanto de su problema
concreto como de los procesos que estén influyendo en él. El objetivo
es hacer del paciente un «pequeño psicólogo», que tenga una comprensión
global de cómo funcionan nuestra mente y nuestras emociones. En este
sentido decimos que el terapeuta tiene la labor de enseñar, ya que el
paciente deja la terapia con muchos conocimientos que no tenía cuando
llegó, y que tienen un gran potencial de bienestar.
¿Cuánto tiempo dura una psicoterapia?
Por todo ello, las terapias psicológicas rara vez abarcan una sola
sesión, sino que suelen variar de duración en función de una gran
cantidad de factores. Durante este proceso, que puede estar marcado por
el malestar (ya que los cambios nunca son inmediatos), la figura del
terapeuta adquiere una nueva función, que es la de ser un acompañante a
lo largo del tiempo que dure la terapia.
Es una figura de guía, con el que se resuelven las dudas que van
surgiendo, se estudian las dificultades que aparecen, y se avanza hacia
los objetivos propuestos. Es un proceso en el que hay un lenguaje y unas
herramientas nuevas, que para la mayoría no son familiares, y que sería
muy difícil llevar a cabo por uno mismo.
¿Cuáles son los diferentes tipos de terapia psicológica?
La psicoterapia se adapta a las características y necesidades del
paciente, y con los años la psicología ha desarrollado un alto nivel de
especialización, incluso en función de la tecnología empleada podemos de
psicoterapia presencial o terapia psicológica online.
Una distinción importante entre terapias es la que viene
determinada por la edad del paciente. Especialmente en niños de edades
tempranas (1 – 8 años), las técnicas y el vocabulario que se emplea es
muy distinto de aquel que se emplea con adultos, y requiere una
formación específica. La terapia con menores siempre viene precedida del
consentimiento de los padres, y en ella es más habitual que el
terapeuta se entreviste con frecuencia con personas relevantes del
entorno del menor, para obtener información y transmitir pautas.
También se requieren abordajes diferentes según el número de
asistentes, y de la relación que haya entre ellos. Existen técnicas y
acercamientos específicos para la terapia de familia, en la que los
objetivos suelen ser compartidos entre los miembros de la misma, y pese a
que se aborden individualmente, también se realizan sesiones con varios
miembros de la familia o incluso con todos ellos.
En una línea algo similar a lo anterior, los especialistas en
terapia de pareja trabajan los problemas propios de las relaciones de
pareja, que pueden ser muy variados y surgir en momentos diversos de una
relación. En este tipo de sesiones suelen asistir los miembros de la
pareja tanto juntos como, en ocasiones, de forma individual. Asimismo,
los objetivos que se plantean suelen ser (aunque no siempre)
compartidos, ya que el objeto de mejora y los problemas se encuentran en
la relación entre los pacientes, aunque tengan que realizar cada uno un
proceso propio y distinto en cada caso.
Existen numerosas vertientes de terapia, que pueden ser tan
específicas como el problema mismo que uno tiene. Lo ideal, en caso de
no estar seguro de a qué tipo de terapia acudir, es consultar a un
psicólogo de confianza y plantearle esta duda, que le aconsejará y
dirigirá al profesional más adecuado para su terapia y bienestar.
