*Por Javier Marbec, Director de Mercado Internacional de TOTVS
En 2026, América Latina entra en un ciclo de contrastes. Por un lado, organismos como BNP Paribas proyectan una inflación persistente y un crecimiento modesto, cercano al 2% anual. La combinación de tasas de interés aún elevadas, espacio fiscal reducido y bajo nivel de inversión, continúa limitando la expansión regional. Por otro lado, bancos como el JPMorgan describen a la región como una pieza estratégica en el nuevo orden económico, especialmente por su relevancia en alimentos, energía, minerales críticos y servicios, en un contexto de reorganización de cadenas productivas y aceleración de la inteligencia artificial.
Entre estas dos narrativas, lo que definirá el rumbo será la capacidad de transformar el potencial en competitividad concreta, en sectores como el agronegocio, la construcción, la logística y la industria, ahora atravesados por una agenda más profunda de tecnología, datos e IA.
Agronegocio: de commodity a plataforma de energía, datos y clima
El agro sigue siendo la columna vertebral de varios PIB de la región. Pero en 2026 el debate ya no gira solo en torno al volumen exportado o al área cultivada. La cuestión es si el productor será capaz de demostrar productividad, trazabilidad y resiliencia climática bajo estándares globales.
Informes recientes de organismos regionales recuerdan que el 74% de los países de América Latina y el Caribe están altamente expuestos a al menos una categoría de evento climático extremo, lo que presiona la seguridad alimentaria y los ingresos rurales. Esta misma geografía, también es una de las más prometedoras para la bioenergía y los biocombustibles, según estudios de la Agencia Internacional de Energías Renovables, siempre que existan marcos regulatorios estables, tecnología adecuada y gestión integrada de las cadenas de suministro.
En el centro de esta ecuación está la digitalización del campo. La inteligencia artificial aplicada a datos de suelo, clima, crédito y comercialización, conectada a ERPs y sistemas de gestión rural, deja de ser un piloto de laboratorio para convertirse en requisito de acceso a mercados, financiamiento verde y seguros agrícolas.
Construcción e infraestructura: crecimiento selectivo, presión por productividad
El sector de construcción latinoamericano llega al 2026 en un terreno mixto. Estudios estiman el mercado regional en US$465 mil millones, con expansión moderada impulsada por vivienda, logística e infraestructura energética, pero presionada por inflación de costos, tasas altas e incertidumbre regulatoria.
Aun así, hay señales claras de un ciclo de obras en transporte, saneamiento y energía en países como Brasil, Chile, Perú y en América Central, con foco en corredores logísticos, puertos, ferrovías y proyectos de transición energética - además de las obras estructurales en México debido a la Copa del Mundo de fútbol. Para las constructoras, esto significa más oportunidades, pero menos margen para la improvisación y más necesidad de planificación integrada, cadenas de suministro eficientes y control riguroso de costos, plazos y riesgos.
La digitalización de obras, con BIM, sensores, gestión en la nube y agentes de IA apoyando compras, contratos y logística, deja de ser un diferencial tecnológico para convertirse en condición mínima para competir en proyectos complejos y financiados por bancos multilaterales.
Logística: nearshoring, cuellos de botella y automatización
La logística regional vive una reconfiguración. El nearshoring hacia México y otros países, sumado a inversiones en corredores logísticos y puertos, abre oportunidades en transporte carretero, ferroviario, marítimo y aeroportuario. Pero los cuellos de infraestructura y la fragmentación de datos siguen presentes.
Estudios especializados indican que los operadores vienen rediseñando rutas, contratos y modelos de inventario en respuesta a costos elevados, bajo crecimiento y volatilidad geopolítica. En México, por ejemplo, el aumento de las exportaciones manufactureras en 2025 se apoyó en redes de transporte terrestre más densas e integradas a la frontera estadounidense.
En 2026, la competitividad logística será esencialmente digital: rastreabilidad integral, integración entre sistemas de gestión, transportistas, puertos y clientes, y uso de IA para rutas, costos y escenarios de demanda.
Industria 4.0 e IA: la nube deja de ser tendencia y se vuelve infraestructura crítica
La nube y la IA pasan a ser infraestructura crítica. Informes recientes muestran que el mercado de computación en la nube en la región crece aceleradamente, impulsado por inversiones en data centers y nuevas regiones de nube.
Al mismo tiempo, los gobiernos comienzan a ver la capacidad de procesamiento como activo de soberanía. Por ejemplo, el plan mexicano de instalar el supercomputador Coatlicue, previsto como el más potente de América Latina, es un símbolo de cómo la agenda de datos e IA entró en el centro de las políticas productivas.
Para la industria, eso se traduce en la posibilidad concreta de adoptar manufactura avanzada, mantenimiento predictivo, agentes de IA conectados al ERP para optimizar inventarios, compras y planificación de producción, además de nuevos modelos de negocio basados en servicios digitales.
Un denominador común
Bajo la lente de la competitividad, 2026 tiende a premiar a las empresas y sectores capaces de combinar tres movimientos: invertir en tecnología de gestión e IA conectada al negocio real, estructurar datos que comprueben productividad, sostenibilidad y gobernanza, y usar esa base para acceder a mejores condiciones de financiamiento, contratos y mercados.
En la práctica, esto significa que el agronegocio, la construcción, la logística y la industria en América Latina van a disputar no sólo clientes, sino también credibilidad y eficiencia en un mercado global que ya ve a la región como estratégica. La diferencia entre cumplir esa promesa o repetirla en informes dependerá, cada vez más, de cómo estos sectores ponen sus datos a trabajar.
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