● Durante la sección Mujeres en la Historia de “La mañanera del pueblo”, la subsecretaria de Educación Básica, Angélica Noemí Juárez Pérez, narró el sufrimiento provocado por Agustín de Iturbide a este grupo de mujeres
● Juárez Pérez afirmó que la gesta independentista fue obra de un pueblo de hombres y mujeres que sacrificaron sus vidas y seguridad por una patria libre
Sin el sacrificio y el valor de las mujeres de Pénjamo, y de muchas otras que sostuvieron la lucha insurgente y resistieron la represión virreinal, México no habría alcanzado su independencia en 1821, después de más de una década de lucha, aseguró la subsecretaria de Educación Básica, Angélica Noemí Juárez Pérez.
Al presentar la sección Mujeres en la Historia durante “La mañanera del pueblo”, encabezada por la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, Juárez Pérez señaló que no debe olvidarse que la gesta independentista fue obra de un pueblo conformado por hombres y mujeres que sacrificaron su vida y su seguridad por una patria libre.
A través de una cápsula, narró que Agustín de Iturbide fue nombrado comandante de Guanajuato en 1813, donde combatió a los insurgentes de manera arbitraria. Ante diversas denuncias, fue retirado del servicio en 1816. Una de ellas es conocida hoy como el caso de las mujeres de Pénjamo, quienes vivieron la represión realista.
Comentó que el 29 de noviembre de 1814, el entonces comandante realista de Guanajuato, Agustín de Iturbide, continuaba su enérgica persecución contra las fuerzas insurgentes durante la Guerra de Independencia. Conocedor del apoyo fundamental que las mujeres brindaban a la causa insurgente en el Bajío, tomó una medida cruel para orillar a los rebeldes a deponer las armas: ordenó que todo menor encontrado sin su padre, así como toda mujer sin su esposo, fuera detenido.
“En Pénjamo, cerca de 300 mujeres fueron apresadas en sus casas, algunas junto con sus hijos pequeños. Obligadas a caminar bajo la amenaza de azotes, fueron trasladadas bajo el sol ardiente, con sus hijos en brazos, a Guanajuato e Irapuato, donde permanecieron en casas de recogimiento que funcionaban como cárceles. Los insurgentes respondieron con ataques más feroces a haciendas y poblados controlados por los realistas, por lo que Iturbide amenazó con quitar la vida a sus rehenes”, narró la subsecretaria.
Expuso que, aunque las ejecuciones no se llevaron a cabo, las mujeres fueron sometidas a violencia psicológica y maltratos. Algunas de ellas, como Francisca Uribe y María Bribiesca, enviaron cartas al virrey para protestar. También exigieron ser juzgadas formalmente; sin embargo, nunca se les inició un proceso judicial. Algunas fueron liberadas poco tiempo después, pero otras permanecieron en prisión hasta mediados de 1817, sometidas a constantes aflicciones del espíritu y del cuerpo.
En 1820, Iturbide fue reincorporado al servicio. En los meses siguientes se convirtió en una de las figuras centrales del proceso de consumación de la Independencia. Un año después, fue elevado al trono del Imperio mexicano por sus partidarios. El Imperio fue efímero, pero permaneció en la memoria de los conservadores del siglo XIX, quienes anhelaban un proyecto monárquico.
“La República, en cambio, encontró su fuente en el pensamiento político y social insurgente. A pesar de ello, todavía hay quienes restan importancia al proyecto insurgente para ensalzar a este personaje”, concluyó.
No hay comentarios:
Publicar un comentario