31 de marzo de 2022
Preámbulo
En
este gobierno se ha escuchado con
frecuencia
sobre
la “soberanía energética” de México, sin
embargo, no
hay nada más soberano que las familias tengan
garantizado
el acceso a
la energía que necesitan para salir adelante y para realizar todas
sus tareas diarias. Otro
concepto
diferente que
también es
clave es la “seguridad energética” definida por la Agencia
Internacional de Energía como la capacidad de un país para
garantizar la disponibilidad ininterrumpida de energía a precios
asequibles.
En
esta Señal COPARMEX analizamos estos temas para saber cuál es la
situación de México, cuáles nuestros retos y qué acciones
emprender para contar con la energía y combustibles necesarios.
El
escenario que enfrentamos
El
conflicto bélico entre Rusia y Ucrania ha desestabilizado al mundo,
principalmente en materia económica y energética. Los combustibles
han alcanzado precios altos no vistos en una década y eso afecta de
forma directa la inflación.
México
si bien es un exportador de petróleo, es un importador de gasolina,
diesel y gas.
En 2021 exportamos 28
mil 926
millones de dólares de productos
petroleros (petróleo
crudo,
gasolinas,
diesel, gas natural),
pero importamos 53
mil 851
millones de dólares.
En
2021, Pemex importó alrededor del 60% de la gasolina que vendió en
México. Pero la solución a este tema está
lejos de ser sencilla, el gobierno ha planteado como solución ser
“autosuficientes”
(Soberanía
energética), es
decir, dejar de exportar petróleo para producir la
gasolina que
necesitamos. Hacer eso según los expertos nos llevaría a terminar
importando ya no gasolinas sino petróleo.
Es
complejo ir contra las leyes del mercado, si México importa
gasolinas es porque es más barato comprarlas a otros países
que producirlas aquí. En 2021, según cifras oficiales, el promedio
de utilización de las 6 refinerías existentes fue del 44% de su
capacidad;
son antiguas, con tecnología obsoleta, que apenas alcanzan a
producir en conjunto un promedio de 247 mil barriles diarios de
gasolina.
Sin
embargo,
para
satisfacer la demanda de gasolinas para autos, se compran en el
extranjero casi 300 mil barriles al día.
Por
eso se ha cuestionado la construcción de una nueva refinería o la
compra de Deer Park en Texas.
Son alivios parciales que están lejos
de ser una solución de fondo. Lo correcto sería invertir en la
mejora de procesos, en tecnología, en generar alianzas con empresas
y en buscar elevar la productividad de Pemex para
alcanzar la anhelada seguridad energética.
El
reto: Invertir y hacerlo bien
He
aquí uno de los puntos medulares de la nueva realidad energética
mexicana: la apertura al mercado global que desde antes de la Reforma
Energética conducía el monopolio; y hoy se materializa a través de
la participación del Sector Privado, enriqueciéndose al mercado con
diversos participantes, y creando más del doble de infraestructura,
generando competencia y, por ende, mayor eficiencia.
No
obstante, en estos últimos años, como
lo ha señalado el Instituto Mexicano para la Competitividad, (IMCO),
México
se encuentra en una posición comparativamente débil en materia de
seguridad energética. El país no ha realizado las inversiones
necesarias en infraestructura, por ejemplo, de almacenamiento (cuenta
con menos de ocho días de inventarios de gasolinas) y de
distribución de petrolíferos. Existen pocos permisos de importación
de petrolíferos e hidrocarburos (actualmente de acuerdo con datos de
la Secretaría de Energía solo 77 se encuentran vigentes, después
de que en los últimos años se han cancelado más de mil
500).
De igual forma, la incertidumbre legal y regulatoria en el sector ha
retrasado o cancelado nuevas inversiones por parte de empresas
privadas a lo largo de la cadena de valor de los hidrocarburos, de
tal suerte que es difícil hablar de un mercado con competencia
efectiva. Mientras tanto, Pemex carece de la capacidad financiera y
operativa para llevarlas a cabo por sí sola.
¿Por
qué la seguridad energética importa?
La
seguridad energética es relevante porque es un pilar para el
desarrollo económico del país,
entendida
no
como producción ni posesión de la energía, sino como la
disponibilidad y acceso eficiente a ésta.
Todos
necesitamos de los combustibles y la energía eléctrica de forma
directa o indirecta,
ya sea
en nuestras casas, en las escuelas, en los hospitales; o de forma
indirecta para que, por ejemplo, los alimentos lleguen a las tiendas,
funcionen
los refrigeradores de una carnicería
o tengamos acceso a internet. Hoy,
es urgente erradicar la pobreza energética, es decir, promover la
inversión para que todos seamos incluidos y contemos con las mismas
oportunidades de acceso a estos insumos. Al
mismo
tiempo, debemos velar para que nuestra generación y consumo
energético no agrave el cambio climático.
¿Qué
se puede hacer?
Más
y mejor inversión en infraestructura.
El
presupuesto en inversión física para 2022 tuvo un aumento real del
17.6% con respecto a 2021. Esto la
ubicará en el nivel más alto desde 2017 y representará el 3.1% del
PIB.
Sin
embargo, es importante resaltar que, a pesar del aumento, el gasto en
inversión aún se encuentra por debajo del 4.5% recomendado por el
Banco Mundial para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible
(ODS) y no necesariamente está orientado a los rubros de
modernización de la infraestructura o a elevar la productividad en
el sector. Uno
de los pilares del nuevo modelo energético mexicano es que muchas
áreas prioritarias, como el almacenamiento y logística, actualmente
deficientes se comiencen a atender por parte de terceros, después de
años de abandono y acceso exclusivo.
Colaboración
con el sector privado: Pemex
no
puede solo,
pero sí puede salir adelante y garantizar la seguridad energética
en combustibles del país si trabaja de forma coordinada con las
empresas privadas del sector. ¿Por qué cancelar permisos o
suspender la operación de terminales de almacenamiento si en este
momento más oferta de combustibles puede ayudar a que los precios
bajen?
Sin
la participación de privados traería por consecuencia menos
proyectos, incremento en el riesgo de suministro, donde si un actor
limita su participación, el país podría incluso sufrir desabasto.
Certidumbre
jurídica y respeto al Estado de Derecho.
México
tiene una gran oportunidad de generar confianza y certidumbre, podría
atraer inversiones que están percibiendo riesgos en otras regiones
del mundo. Es por eso tan necesario que se respete y haga valer el
Estado de Derecho para que aprovechemos al máximo nuestra posición
geográfica, nuestras reservas y los tratados internacionales que
tenemos suscritos.
El
llamado de COPARMEX
Es
para que entre el gobierno y las empresas privadas cerremos filas en
torno a un
objetivo:
Que el país cuente con la energía necesaria para salir adelante.
Podrán existir distintas visiones, pero lo importante es que las
familias vivan mejor, cuenten con servicios, paguen lo justo y nadie
se quede excluido.
Un
nuevo modelo energético, conjugando y complementando los esfuerzos
públicos y privados, nacionales y extranjeros, puede dar pie a una
estrategia definida y consensuada para incrementar su capacidad de
almacenamiento a un promedio mínimo de 13 días para el 2025. Esta
estrategia se alinea, de forma natural, a la visión de la nueva
administración sobre el fortalecimiento de la seguridad energética
de México y una visión global donde los Países adheridos a la
Agencia Internacional de Energía, no sólo prevén situaciones de
emergencia, sino que plantean las bases de cooperación y ayuda
mutua.
La
energía eléctrica y los combustibles son fundamentales en nuestra
vida diaria y, por ende, debemos ser muy cuidadosos en la toma de
decisiones. Nadie quiere apagones o desabasto, por el contrario,
queremos que el país aproveche el enorme potencial energético que
tiene.
Al
mismo tiempo, debemos ser capaces de contener la inestabilidad como
la que hoy sufrimos con precios demasiado altos que impulsan al alza
la inflación;
todos
sabemos que la inflación a quién más afecta es a quienes menos
tienen.
Por
eso es que nuestro llamado es a generar las condiciones para que haya
más inversión, la infraestructura se modernice, se incremente la
productividad y haya certidumbre jurídica.
Es
la suma de los participantes lo que le da consistencia y fortaleza a
la seguridad energética del país. Cerrar el mercado al Sector
Privado, eliminar las oportunidades de atraer más inversiones, es ir
en contra de la seguridad energética del país y su gente,
cercenando el potencial de crecimiento a corto, mediano y largo
plazo.
Finalmente,
no podemos perder de vista que solo tenemos un planeta y que debemos
buscar que nuestro consumo energético sea
sostenible, sea
responsable con nuestro
medio
ambiente y así evitar al máximo su deterioro.
Por eso decimos que sí es posible tener
seguridad energética en un marco de desarrollo
sustentable.