martes, 20 de octubre de 2026

Reduciendo la fatiga de los operadores mediante video seguridad impulsada por IA

 

Israel Austria, Gerente de Ingeniería de Soluciones de Milestone Systems para América Latina

Pedirle a un operador de un centro de monitoreo que mantenga la atención durante horas frente a decenas de pantallas supone ignorar una realidad básica: la capacidad humana para sostener la vigilancia visual tiene límites.

Diversas investigaciones han documentado el llamado ‘vigilance decrement’, una disminución progresiva de la atención que puede aparecer después de periodos relativamente cortos de monitoreo continuo. Una investigación realizada con operadores profesionales de videovigilancia encontró que, durante una tarea de revisión de 90 minutos, los participantes detectaron aproximadamente la mitad de los comportamientos relevantes, mientras que también se registró un número considerable de falsas alarmas.

No se trata de una falta de experiencia o compromiso. Es una limitación inherente a la capacidad humana para procesar grandes volúmenes de información visual durante periodos prolongados.

Esta realidad adquiere especial relevancia en instalaciones que operan con decenas o cientos de cámaras, particularmente durante turnos nocturnos o sistemas que funcionan las 24 horas. El problema, por tanto, no consiste únicamente en contar con suficientes operadores, sino en entender cómo utilizar mejor su capacidad de atención.

Cuando demasiadas alarmas se convierten en un problema

Durante años, una de las respuestas de la industria consistió en incrementar la capacidad de detección. Cámaras con análisis de movimiento y reglas sencillas podían generar una alerta cada vez que algo atravesaba una determinada zona.

El problema aparece cuando el sistema detecta demasiado.

Una sombra que cambia de posición, una rama que se mueve con el viento o un vehículo detenido cerca de una cerca pueden activar una alarma. Cuando este comportamiento se multiplica por cientos de cámaras, el operador termina frente a una cola de notificaciones en la que la mayoría de los eventos no representa una amenaza y hasta se vuelve contraproducente al distraerlo en atender y descartar esas notificaciones en lugar de tener su atención en el sistema.

Con el tiempo, esta situación genera un efecto conocido como fatiga de alarmas. Cuando la mayoría de las notificaciones resulta irrelevante, es natural que el operador empiece a asignarles menor prioridad.

No es un problema de negligencia. Es una respuesta humana ante una relación desfavorable entre señales relevantes y ruido.

El resultado puede ser un aumento en los tiempos de respuesta y, lo que es más importante, el riesgo de que un evento real quede oculto entre decenas de falsas alarmas.

Por eso, la solución no consiste simplemente en pedir mayor concentración o incorporar más personas para observar más pantallas. Si el volumen de información supera la capacidad humana de procesarla, el desafío está en transformar aquello que llega al operador.

La inteligencia artificial como filtro de atención

Es precisamente aquí donde la inteligencia artificial puede aportar valor a la seguridad.

Su función no debería plantearse como un reemplazo del criterio humano, sino como una herramienta capaz de filtrar información para que los operadores concentren su atención en los eventos que realmente requieren intervención.

Las plataformas de analítica de video actuales pueden ir más allá de una detección básica de movimiento o de objetos. Los modelos de visión e inteligencia artificial permiten analizar el contexto de una escena, distinguir entre diferentes tipos de objetos y determinar cuándo una actividad merece una revisión.

Así, una persona que cruza una zona autorizada puede ser diferenciada de alguien que permanece durante un periodo inusual cerca de un área restringida. Del mismo modo, un vehículo que circula por una ruta establecida puede distinguirse de otro que presenta un comportamiento atípico.

El cambio es importante: la tecnología deja de limitarse a decir que algo ocurrió y empieza a aportar información sobre qué ocurrió y por qué podría ser relevante.

Esta evolución coincide con una tendencia más amplia de la industria. El informe SIA 2026 Megatrends identifica la automatización de los centros de operaciones de seguridad como una de las tendencias relevantes del año, incluyendo aplicaciones como la generación asistida de reportes de incidentes y el filtrado de alarmas de menor prioridad.

El objetivo no es automatizar todo de una vez, sino aplicar inteligencia allí donde pueda liberar capacidad humana.

De detectar eventos a reconocer patrones

El potencial de la analítica aumenta todavía más cuando deja de observar cada evento de manera aislada y comienza a relacionar comportamientos a lo largo del tiempo.

Un vehículo que aparece una vez cerca del perímetro de una instalación puede no representar nada fuera de lo común. Pero si el mismo vehículo se encuentra en la misma zona durante varias noches consecutivas, permanece unos minutos y después se retira, la repetición del comportamiento puede convertirse en una señal que merece atención.

Ese tipo de patrón puede ser difícil de identificar para un operador que trabaja por turnos, ya que cada persona observa únicamente una parte de la actividad. La tecnología, en cambio, puede analizar información acumulada y encontrar relaciones que atraviesan diferentes periodos.

La misma lógica puede aplicarse a las investigaciones posteriores a un incidente.

Revisar manualmente horas de grabaciones es una tarea lenta y exigente. Las tecnologías de análisis y búsqueda de video permiten condensar grandes cantidades de información, identificar objetos y eventos y localizar rápidamente segmentos relevantes, manteniendo el vínculo con el momento original de la grabación para su posterior verificación.

De esta manera, la inteligencia artificial no solo ayuda a prevenir la sobrecarga durante el monitoreo en tiempo real. También puede reducir el tiempo necesario para reconstruir lo ocurrido después de un incidente.

Para los responsables de seguridad, la pregunta ya no debería ser únicamente si la inteligencia artificial funciona, sino cómo su implementación se traduce en resultados operativos.

La reducción de tiempos de respuesta, una investigación más eficiente y una mejor capacidad para priorizar incidentes pueden contribuir a demostrar el valor de una infraestructura de video seguridad ante las organizaciones que deben justificar continuamente sus inversiones.

El operador sigue estando al mando

Hablar de inteligencia artificial en seguridad también exige diferenciar entre sistemas que asisten a las personas y aquellos diseñados para actuar con un mayor nivel de autonomía.

En el escenario descrito, el objetivo es mantener al operador dentro del proceso de decisión. La tecnología filtra, identifica patrones, proporciona contexto y facilita la revisión de evidencias; la persona aporta criterio, experiencia y conocimiento del entorno.

Esta combinación resulta especialmente importante cuando una decisión puede tener consecuencias reales.

Un operador que recibe cinco alertas relevantes por hora, acompañadas de contexto suficiente para evaluarlas, se encuentra en una posición muy diferente a la de quien debe procesar cincuenta notificaciones sin ningún nivel de priorización.

La tecnología no elimina el límite de la atención humana. Lo reconoce y trabaja a partir de él.

La fatiga del operador no desaparecerá porque se incorpore inteligencia artificial a un sistema de videovigilancia. Lo que sí puede cambiar es la manera en que se administra la información que llega a las personas.

Las organizaciones que incorporen esta tecnología de manera estratégica no tendrán que elegir entre operadores humanos o inteligencia artificial. El desafío estará en diseñar una colaboración en la que cada uno haga aquello para lo que está mejor preparado: las máquinas pueden monitorear continuamente grandes volúmenes de información y encontrar patrones; las personas pueden interpretar el contexto, evaluar las consecuencias y tomar decisiones.

En este nuevo escenario, la seguridad deja de depender de cuánto tiempo puede una persona permanecer frente a una pantalla. Su efectividad estará cada vez más relacionada con la capacidad de convertir grandes volúmenes de información en conocimiento útil para tomar mejores decisiones.

 

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