Entorno continental En 2024, América Latina contaba con 343,702 cajeros automáticos, es decir, un incremento anual de 2,680 unidades, equivalente a un crecimiento de 0.8%. La región alcanzó además una media de 68.2 ATM por cada 100 mil adultos, con mercados como Brasil o Uruguay con altos niveles de cobertura[1]. El comportamiento también es evidente en países donde el efectivo domina los pagos presenciales. Colombia, Ecuador y Perú mantienen una elevada participación del dinero físico en operaciones diarias, lo que refleja que la transición digital no ocurre de forma homogénea en la zona. México mantiene una de las redes de ATM más amplias de la región El caso mexicano ejemplifica claramente esta dependencia del efectivo. A marzo de 2025 existían 65,235 cajeros automáticos en el país[2]: una de las infraestructuras financieras más extensas de LATAM. Bancos como BBVA y Banorte cuentan cada una con cerca de once mil ATM; Santander se aproxima a las diez mil unidades; Banamex mantiene casi nueve mil cajeros; HSBC más de 5,500; Banco Azteca supera los 4,350 , y Scotiabank con más de 2 mil equipos[3]. A esto se suma la expansión de modelos colaborativos como MultiRed, alianza conformada por HSBC, BanCoppel, Scotiabank, Inbursa, BanBajío, Banregio, Banco Multiva y Mifel. La red integra más de once mil 800 cajeros automáticos sin costo para clientes participantes, que brindan acceso a más de 28 millones de usuarios en México[4]. El reto operativo detrás del efectivo Mantener disponible el efectivo dentro de los ATM es complejo y costoso. La logística de abastecimiento, los traslados de valores, la supervisión de inventarios, los seguros además de la previsión de demanda generan presión constante sobre bancos y operadores financieros. Uno de los principales problemas es el de lograr el equilibrio entre disponibilidad y eficiencia operativa. Tener poco efectivo en un ATM puede afectar la experiencia del usuario y generar interrupciones de servicio, pero mantener exceso de dinero inmovilizado incrementa los costos de seguro, traslado y administración. A esto se suma la dificultad de prever comportamientos de retiro que pueden variar por temporada, ubicación, eventos locales o dinámicas económicas específicas. Por ello, la automatización se convierte en una necesidad perativa más que en una simple mejora tecnológica. Tecnología predictiva para optimizar la gestión del efectivo Frente a este escenario, Auriga impulsa soluciones orientadas a modernizar la administración de efectivo mediante automatización, monitoreo inteligente y herramientas predictivas. Su plataforma WWS Cash Management optimiza el abastecimiento y el control de efectivo en los ATM, ya que incorpora capacidades de “autoaprendizaje” predictivo que anticipa las necesidades de efectivo según patrones de uso, comportamiento de retiros y demanda operativa. La solución también optimiza las rutas de entrega y recolección de efectivo en cada cajero, supervisa continuamente el proceso de reabastecimiento y valida o corrige cálculos operativos en tiempo real. Además reduce los costos operativos y los gastos asociados a traslados además del costo de los seguros, disminución de efectivo inmovilizado dentro de los ATM y una gestión más eficiente del flujo de trabajo en sucursales y depósitos. Más allá del avance digital, América Latina continúa dependiendo del efectivo como parte esencial de su operación financiera cotidiana. En ese entorno, el reto para la banca ya no consiste únicamente en mantener funcionando su infraestructura física, sino en volverla más inteligente, rentable además de predecible mediante tecnología especializada. [1] https://n9.cl/4fhqtl [2] https://n9.cl/2p25t [3] https://n9.cl/oqdbaj [4] https://n9.cl/9g1kd |
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