Ciudad de México 20 de marzo del 2025.- El agua es un recurso
esencial para la vida, el desarrollo de las sociedades y el equilibrio de los
ecosistemas. Sin embargo, su disponibilidad no es infinita. A pesar de que el
planeta está cubierto en gran parte por agua, solo una pequeña fracción es dulce
y apta para el consumo humano. Hoy en día, el crecimiento poblacional, la
urbanización y el uso intensivo en sectores como la agricultura y la
construcción están ejerciendo una presión cada vez mayor sobre este recurso
vital.
A nivel global, el uso del agua sigue dominado
por la agricultura, que concentra cerca del 72% del consumo, seguida por el
sector industrial, donde se integra la construcción, con alrededor del 15% de
acuerdo a Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la
Agricultura (FAO). Sin embargo, dentro de esta categoría, la construcción
destaca como uno de los principales demandantes, especialmente cuando se
considera su huella hídrica total.
En países como México, el panorama refleja una
distribución similar, aunque con matices. Cifras de la Comisión Nacional del
Agua (Conagua), la agricultura concentra cerca del 76% del uso del agua,
mientras que el sector industrial representa alrededor del 5%. En este último
rubro, la construcción no aparece desagregada en las estadísticas oficiales, lo
que dificulta dimensionar su impacto real. No obstante, especialistas coinciden
en que su peso es considerable si se incluyen los consumos indirectos a lo
largo de la cadena de suministro.
Para Ronaldo
Rizzi, Coordinador de Expansión Internacional de Casa do Construtor, el
agua es un recurso esencial para la vida, el desarrollo de las sociedades y el
equilibrio de los ecosistemas. Sin embargo, su disponibilidad no es infinita. A
pesar de que el planeta está cubierto en gran parte por agua, solo una pequeña
fracción es dulce y apta para el consumo humano. Hoy en día, el crecimiento
poblacional, la urbanización y el uso intensivo en sectores como la agricultura
y la construcción están ejerciendo una presión cada vez mayor sobre este
recurso vital.
Este uso no se limita únicamente a las obras
visibles. La mayor parte del consumo proviene de procesos indirectos, como la
producción de materiales esenciales —cemento, acero o ladrillos— cuya
fabricación requiere grandes volúmenes de agua. A esto se suman las actividades
propias de obra, como la mezcla de concreto, el curado de estructuras y las
labores de limpieza.
El concepto de “huella hídrica” ha cobrado
relevancia en este contexto. Más allá del agua utilizada directamente en una
obra, este indicador contempla el volumen total necesario para producir los
insumos involucrados en un proyecto. En muchos casos, esta huella puede superar
ampliamente el consumo visible, convirtiendo a la construcción en un factor
determinante en la presión sobre los recursos hídricos.
La construcción, motor del desarrollo económico
y urbano, enfrenta así una paradoja: su crecimiento es indispensable, pero
también intensifica la presión sobre un recurso cada vez más escaso. En un
mundo donde el agua se perfila como uno de los principales retos del siglo XXI,
repensar la forma en que se construye ya no es una opción, sino una necesidad
urgente.
Ronaldo Rizzi de Casa do Construtor asegura que
el futuro del agua depende de las decisiones que tomemos hoy. Adoptar hábitos
responsables, exigir políticas públicas efectivas y fomentar una cultura de
sostenibilidad son pasos necesarios para garantizar que este recurso siga
estando disponible para las generaciones presentes y futuras. Cuidar el agua
es, en esencia, cuidar la vida.
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