1.3 millones de adolescentes en México reportan malestar psicológico. Ante este escenario, el bienestar socioemocional deja de ser un complemento y se convierte en una dimensión central de la educación.
Agosto de 2026, Ciudad de México.— Ante el aumento de las señales de malestar psicológico entre niñas, niños y adolescentes, el bienestar socioemocional ocupa un lugar cada vez más central en la agenda educativa mexicana. Para las escuelas, el reto ya no es sólo intervenir ante una crisis, sino comprender y fortalecer los recursos que permiten a niñas, niños y adolescentes conocerse, relacionarse y responder a las exigencias de su entorno.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT) 2025, el 10% de los adolescentes de 12 a 17 años en México presentó malestar psicológico. Esto representa aproximadamente 1.3 millones de adolescentes, una proporción superior a la observada entre la población adulta. Entre las mujeres adolescentes, la cifra alcanza 13.2%, frente a 6.9% entre los hombres.
UNICEF aporta otra señal relevante: su más reciente análisis sobre la situación de la niñez y adolescencia en México reporta que uno de cada cuatro adolescentes de 10 a 19 años presentó sintomatología depresiva en 2023, con una incidencia mayor entre niñas y mujeres adolescentes.
La relevancia del tema también se refleja en la política educativa. En 2026, el Gobierno de México puso en marcha “El ABC de las Emociones”, una estrategia nacional que incorpora actividades semanales en secundarias y bachilleratos para trabajar el reconocimiento y la gestión de emociones, la convivencia, el autocuidado y el bienestar socioemocional.
Las señales apuntan en una misma dirección: lo socioemocional dejó de ser un complemento de la educación.
Sin embargo, atender el bienestar emocional no significa únicamente identificar ansiedad, depresión o situaciones de riesgo. También implica abordar una pregunta previa: ¿cómo se construyen los recursos socioemocionales a lo largo del desarrollo?
Un niño de cinco años que comienza a reconocer lo que siente enfrenta una tarea distinta a la de uno de ocho que empieza a identificar sus patrones de reacción. Ambos, a su vez, se encuentran en un momento diferente al de un adolescente que necesita tomar decisiones, organizarse, perseverar, manejar la presión y relacionarse con mayor autonomía.
Esta mirada evolutiva comienza a transformar la forma de entender la educación socioemocional.
A partir de años de evaluación de habilidades en estudiantes de distintas edades, Lexium desarrolló BECOMING, Modelo Evolutivo Socioemocional, una propuesta que entiende el desarrollo como una trayectoria en la que los recursos socioemocionales emergen, se estabilizan, adquieren funcionalidad y progresivamente pueden utilizarse con mayor autonomía.
La perspectiva cambia y, en vez de preguntarnos “¿qué tan desarrollada está esta habilidad?”, invita a cuestionarnos primero: “¿qué tiene sentido esperar, observar y fortalecer en este momento del desarrollo?”
Esta mirada también transforma la manera de medir. No todas las habilidades deben evaluarse de la misma forma ni tienen el mismo significado en cada etapa. Por ello, la evidencia socioemocional debe interpretarse de acuerdo con el momento del desarrollo y no utilizarse para definir o etiquetar a la persona.
México está dando pasos importantes al incorporar el bienestar socioemocional a la agenda escolar. El siguiente reto es pasar de atender únicamente las señales visibles a comprender cómo se construyen, etapa por etapa, los recursos que permiten a una persona desenvolverse en la vida.
Porque la educación no sólo acompaña lo que un estudiante aprende.
También acompaña, silenciosamente, en quién se está convirtiendo.
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