sábado, 12 de septiembre de 2026

Los 32 estados de México regulan plásticos de un solo uso, pero sólo 7 definen cómo comprobar su cumplimiento: Bioelements


  • “La regulación no se puede analizar solo desde su intención. También hay que analizar cómo va a funcionar en la realidad”, señaló su CEO Ignacio Parada en una ponencia en Mexico Circular Hub

Ciudad de México, septiembre 2026.- México enfrenta una paradoja regulatoria en materia de plásticos de un solo uso: las 32 entidades del país cuentan con disposiciones que restringen o prohíben estos materiales, pero sólo siete establecen mecanismos claros para comprobar, mediante respaldo técnico y normas de ensayo, que las alternativas cumplen con lo que exige la regulación. Así lo manifestó Ignacio Parada, fundador y CEO de Bioelements, durante su participación como ponente en Mexico Circular Hub.

Parada planteó que el reto ya no es únicamente legislar, sino asegurar que las normas puedan aplicarse, verificarse y generar un impacto ambiental medible. “La regulación no se puede analizar solo desde su intención. También hay que analizar cómo va a funcionar en la realidad”, señaló en la presentación. Para ello, deben considerarse factores como la capacidad técnica, la infraestructura disponible, la fiscalización, las alternativas tecnológicas y la participación de consumidores y empresas.

El mapa regulatorio mexicano, expuso el CEO de Bioelements, está fragmentado: existen prohibiciones, excepciones para materiales biodegradables o con contenido reciclado y distintos criterios dependiendo de cada entidad. El resultado es un país con 32 realidades regulatorias y diferentes capacidades para verificar el cumplimiento.

Para el experto, la diferencia entre una política ambiental efectiva y una declaración está en la evidencia. “Demostrar no es una declaración”, afirmó Parada. Comprobar el desempeño de una solución requiere cuatro elementos: un ensayo, un laboratorio acreditado, un plazo definido y una autorización verificable.

El respaldo técnico ya existe. La norma mexicana NMX-E-273 se encuentra alineada con estándares internacionales como ISO 17088 y ASTM D6400, mientras que la Ciudad de México cuenta con un criterio técnico local de SEDEMA vinculado a este marco.

La discusión, por tanto, también pasa por evitar la reproducción automática de regulaciones creadas para otras realidades. Infraestructura, hábitos de consumo y capacidad de fiscalización determinan si una prohibición logra modificar el ciclo de los materiales o permanece únicamente en la legislación.

En este sentido, Ignacio Parada explicó que la transición hacia una economía circular requiere la participación coordinada de reguladores, empresas y consumidores: autoridades capaces de establecer y verificar criterios; compañías que desarrollen soluciones técnica y económicamente viables; y consumidores que comprendan y participen en el nuevo modelo.

“Una prohibición por sí sola no construye circularidad. Un sistema basado en evidencia sí”, concluyó durante la presentación de Bioelements.

Sobre Bioelements 
Bioelements es una empresa fundada el 2014 en Chile, especializada en el desarrollo de soluciones de packaging biodegradables, compostables, biobasadas y con contenido reciclado postconsumo (PCR). La compañía cuenta con más de 30 formulaciones propias, diseñadas para adaptarse a distintos contextos regulatorios y necesidades de mercado, permitiendo a sus clientes cumplir con normativas ambientales tanto a nivel local como internacional. 
Actualmente, Bioelements tiene presencia en Estados Unidos y nueve países de América Latina (México, Brasil, Colombia, Perú, Argentina, Chile y Centroamérica), y trabaja con más de 250 clientes a nivel global. Sus soluciones incluyen bolsas, films y productos flexibles que pueden integrarse a líneas de producción convencionales, facilitando la transición hacia modelos más sostenibles sin requerir grandes cambios operativos. 
Además, la compañía cuenta con más de 46 certificaciones internacionales y ha sido validada por más de 50 laboratorios y universidades, incluyendo estándares como TUV, BPI Compostable y USDA Certified Biobased Product en Estados Unidos. Sus materiales están diseñados para degradarse en distintos entornos, incluyendo compostaje industrial, domiciliario, rellenos sanitarios y condiciones naturales específicas.

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