La alerta sísmica puede ofrecer entre 20 y 120 segundos de anticipación, según la distancia entre el epicentro y la ciudad alertada.
• Los sismos de septiembre de 2017 afectaron más de 190 mil viviendas y 10 mil escuelas, de acuerdo con CENAPRED.
• Un simulacro efectivo debe evaluar vulnerabilidades, capacidad de reacción y protocolos posteriores al movimiento, no solamente el tiempo de evacuación.
CDMX, México, septiembre de 2026. Saber dónde está la salida, participar en un simulacro o contar con una mochila de emergencia no garantiza que una familia esté preparada para enfrentar un sismo. La preparación requiere conocer las condiciones del inmueble, anticipar diferentes escenarios y definir qué debe hacer cada persona durante los segundos disponibles, advirtió Jocelyn Vargas, CEO de Vase Sísmica e ingeniera geofísica experta en sismología aplicada.
En un país donde interactúan cinco placas tectónicas —Norteamérica, Cocos, Pacífico, Rivera y Caribe—, la pregunta no es si volverá a ocurrir un sismo de gran magnitud, sino qué tan preparadas están las personas para responder cuando suceda.
“Estar acostumbrados a los sismos no significa estar preparados. Un protocolo verdaderamente útil debe funcionar si el movimiento ocurre de noche, si la familia está separada, si una persona tiene movilidad limitada o si la alerta ofrece apenas unos segundos para reaccionar”, señaló Vargas.
Los efectos de los sismos de septiembre de 2017 permiten dimensionar el alcance del riesgo. De acuerdo con el Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED), durante ese año resultaron afectadas 190,867 viviendas; 95.8% de esos daños estuvo relacionado con los movimientos sísmicos de septiembre. Los fenómenos geológicos también dañaron 10,132 escuelas y 265 unidades médicas.
El sismo del 19 de septiembre de 2017, de magnitud 7.1 y con epicentro a unos 120 kilómetros de la Ciudad de México, fue percibido por cerca de 40 millones de personas y provocó 228 fallecimientos en la capital. La cercanía del epicentro redujo de manera importante el tiempo disponible para emitir una alerta y reaccionar.
El simulacro debe revelar fallas
Uno de los errores más comunes consiste en evaluar un simulacro únicamente por la velocidad con la que se desaloja un inmueble. Para Vargas, el ejercicio también debe mostrar si todos los integrantes reconocen la alerta, conocen las zonas de menor riesgo, saben cuándo es seguro evacuar y pueden actuar sin depender de una sola persona.
El simulacro debería utilizarse para comprobar si las rutas pueden quedar obstruidas, qué objetos representan un riesgo de caída, quién ayudará a menores de edad, adultos mayores, personas con discapacidad o mascotas y cuál será el punto de reunión si la familia se encuentra separada.
“Un simulacro exitoso no es necesariamente el más rápido, sino el que permite identificar qué puede fallar y corregirlo antes de una emergencia real”, explicó la especialista.
Salir de manera automática tampoco es siempre la respuesta más segura. Si el movimiento ya comenzó, la persona se encuentra en un piso elevado o la ruta presenta riesgos, intentar abandonar el inmueble puede incrementar la exposición. Correr, utilizar elevadores, detenerse por objetos personales o regresar sin una revisión son otros de los errores recurrentes.
La alerta sísmica no es una predicción
La alerta temprana tampoco debe interpretarse como una predicción. El sistema detecta un sismo que ya comenzó, estima sus características y transmite una señal antes de que las ondas potencialmente dañinas lleguen a determinadas ciudades.
México cuenta con un sistema de alerta sísmica desde 1991. Información de Ciencia UNAM, basada en datos del Centro de Instrumentación y Registro Sísmico y CENAPRED, señala que el Sistema de Alerta Sísmica Mexicano puede brindar aproximadamente entre 20 y 120 segundos de anticipación, según la ubicación del epicentro y la distancia respecto de la población alertada.
Las ondas sísmicas se desplazan a velocidades aproximadas de entre cuatro y seis kilómetros por segundo. Debido a que la señal de comunicación viaja más rápido, es posible advertir a algunas ciudades antes de la llegada del movimiento más intenso.
Sin embargo, el margen no es igual en todos los casos. Un sismo originado en las costas de Guerrero, Oaxaca, Chiapas o Michoacán puede ofrecer más tiempo a la Ciudad de México que uno con epicentro en Puebla, Morelos o el Estado de México. Si se origina dentro de la capital, la anticipación podría ser nula.
“Ganar segundos no significa que todos tendrán tiempo para evacuar. Significa contar con una oportunidad para alejarse de vidrios, suspender una actividad peligrosa, proteger a un menor, apoyar a una persona con movilidad limitada o ubicarse en una zona de menor riesgo. Esos segundos solo son útiles cuando la acción ya fue pensada y practicada”, explicó Vargas.
La alerta también puede transmitirse a teléfonos celulares mediante el sistema de difusión celular o cell broadcast. Esta tecnología no requiere una aplicación ni conexión a internet y permite enviar el mensaje simultáneamente a los dispositivos localizados en una zona determinada. Durante un simulacro, los usuarios pueden comprobar si reciben la señal, reconocen el sonido y saben cómo actuar.
El impacto continúa después del movimiento
Las consecuencias de un sismo no terminan cuando el suelo deja de moverse. Después de los movimientos de septiembre de 2017, 16.1% de los establecimientos consultados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en las ocho entidades más afectadas reportó daños en su infraestructura o afectaciones en los servicios que prestaba.
Asimismo, 39.3% suspendió actividades y, entre los negocios que cerraron, 22.6% permaneció inactivo durante más de tres días. En la Ciudad de México, 48.9% de los establecimientos encuestados interrumpió sus operaciones.
CENAPRED calculó que los fenómenos geológicos representaron 92.3% de los daños y pérdidas ocasionados por desastres en México durante 2017, equivalentes a 80,742.5 millones de pesos de aquel año. Solo el sismo del 19 de septiembre generó daños y pérdidas estimados en 43,040.3 millones de pesos en la Ciudad de México.
Las cifras, señaló Vargas, muestran la necesidad de incorporar la continuidad de operaciones, el resguardo de información, la revisión de instalaciones y los protocolos de comunicación a los planes de emergencia de hogares, empresas, escuelas, hoteles y espacios públicos.
“No podemos controlar cuándo ocurrirá un sismo, pero sí podemos reducir la improvisación. La tecnología puede llevar una alerta hasta nuestras manos; la decisión sobre qué hacer debe estar tomada desde antes”, concluyó.
Fuentes
Centro Nacional de Prevención de Desastres, Impacto socioeconómico de los desastres en México durante 2017.
Instituto Nacional de Estadística y Geografía, Estadísticas sobre las afectaciones de los sismos de septiembre de 2017 en las actividades económicas.
Ciencia UNAM, Alerta sísmica: prepárate para el Primer Simulacro Nacional 2026.
Servicio Sismológico Nacional, estadísticas de sismicidad.
Sobre Vase Sísmica
Vase Sísmica es una empresa especializada en ciencias de la Tierra que desarrolla soluciones y servicios orientados al monitoreo, análisis y mitigación de riesgos asociados con fenómenos naturales. Su oferta integra conocimiento científico, tecnología e instrumentación especializada para áreas como monitoreo sísmico, microsismicidad, salud estructural, análisis de datos y estudios geofísicos, con aplicaciones en edificios, puentes, presas e infraestructura estratégica.
La plataforma combina análisis automatizado de señales sísmicas con herramientas de monitoreo continuo para contribuir a una gestión del riesgo enfocada en la prevención, la protección de las personas y la resiliencia de infraestructura crítica.
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