· Cerebro e intestino mantienen comunicación bidireccional
Ciudad de México, 16 de septiembre de 2026. El intestino y el cerebro no funcionan como sistemas aislados, sino que mantienen una comunicación bidireccional mediante señales nerviosas, inmunológicas y metabólicas, una red conocida como eje microbiota-intestino-cerebro, expuso el doctor Rodrigo Corona.
El médico especialista en psiquiatría detalló que durante muchos años se enseñó que el cerebro era el órgano rector y que el resto del cuerpo obedecía, pero hoy sabemos que el intestino mantiene un diálogo constante con el cerebro.
Corona Amezcua dijo que el concepto fue propuesto en la literatura científica para describir microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, podrían producir beneficios relacionados con la salud mental por medio de su interacción con las bacterias intestinales. Con el tiempo, su estudio se ha ampliado, pero el término no debe interpretarse como sinónimo de tratamiento psiquiátrico ni como una propiedad automática de cualquier probiótico, aclaró.
El especialista participó en el marco de la presentación de un psicobiótico donde se explicó que justamente los psicobióticos son probióticos específicos estudiados por su interacción con el eje microbiota-intestino-cerebro, y que sus posibles efectos dependen de cada cepa, por lo que no pueden atribuirse indistintamente a todos los probióticos.
En el evento se habló de Lactobacillus plantarum PS128, la cepa específica del psicobiótico presentado, la cual fue aislada originalmente de hojas de mostaza fermentadas y ha sido objeto de investigaciones relacionadas con el estrés, la calidad del sueño, la ansiedad y algunas condiciones neurológicas.
Los participantes coincidieron en que la salud de la microbiota no depende exclusivamente de un suplemento, sino que una alimentación equilibrada, actividad física regular, sueño suficiente, relaciones saludables y manejo adecuado del estrés forman parte de un abordaje integral.
Y es que la microbiota intestinal participa en procesos digestivos, inmunológicos y metabólicos. Sus señales pueden relacionarse con el sistema nervioso mediante diferentes vías, entre ellas el nervio vago, la actividad del sistema inmunitario, las hormonas y diversos metabolitos producidos durante la digestión.
“Hablar del eje intestino-cerebro significa reconocer que existe una red de comunicación compleja. No se trata de afirmar que el intestino sustituye al cerebro, sino de comprender que ambos órganos intercambian señales y que la microbiota forma parte de ese diálogo”, concluyó Corona Amezcua.
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