lunes, 2 de febrero de 2026

TELECOM EN PRESPECTIVA Del Teléfono Fijo al Móvil en México

 



por Gonzalo Rojon

En poco más de dos décadas, la forma en la que hablamos en México cambió por completo. A inicios del milenio, la telefonía fija concentraba casi toda la comunicación del país, mientras que hoy la movilidad domina prácticamente la totalidad del tráfico de voz. No se trata solo de una sustitución tecnológica, sino de una transformación profunda en los hábitos, en los modelos de negocio y en la manera en que entendemos la conectividad.

Durante los primeros años del siglo, el teléfono de casa era el eje de la vida productiva y social. Llamar implicaba tiempo, planeación y una constante preocupación por el costo. Además, el acceso estaba lejos de ser universal. La infraestructura fija se concentraba en zonas urbanas y en hogares de mayores ingresos, dejando fuera a millones de personas.

Ese modelo alcanzó su punto máximo a mediados de la década de los 2000, sin embargo, bajo la superficie ya se gestaba un cambio. La expansión de las redes móviles comenzó a desplazar el centro de gravedad del hogar hacia el individuo. El teléfono dejó de ser un aparato fijo para convertirse en una extensión permanente de las personas.

2009 marcó un parteaguas. Por primera vez, el tráfico móvil superó al fijo. No fue una casualidad, sino el resultado de una convergencia tecnológica: redes más robustas, equipos más accesibles y una demanda creciente de conectividad personal. A partir de ese momento, la movilidad dejó de ser un complemento y se convirtió en la columna vertebral del ecosistema digital.

Un segundo impulso llegó en 2014, con la reforma en telecomunicaciones y una mayor competencia. La introducción de planes con minutos ilimitados eliminó la lógica de racionamiento que dominó durante años. Hablar dejó de ser una decisión económica y pasó a ser una práctica cotidiana sin restricciones. El tráfico se disparó y la voz móvil se consolidó como la plataforma dominante.

Paradójicamente, cuando el volumen de llamadas alcanzó su máximo histórico en 2022, comenzó también una etapa de estabilización. No porque la gente hable menos, sino porque ahora habla distinto. La voz se desplazó hacia aplicaciones, plataformas de mensajería, videollamadas y notas de audio. Ya no depende exclusivamente de una red tradicional, sino de una infraestructura de datos cada vez más accesible.

Hoy, las líneas fijas representan una fracción marginal del tráfico total. Su papel es residual, útil en ciertos nichos, pero lejos de ser central. El mercado migró de un esquema de “minutos contados” a uno de “conectividad permanente”.

Más allá de la nostalgia por el teléfono fijo, esta transición deja una lección clara para reguladores y operadores: el mercado ya no gira en torno a servicios aislados, sino a ecosistemas digitales completos. La voz sigue ahí, pero ahora compite, se integra y se redefine dentro de un entorno dominado por los datos.

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